Cuando estaba en Madrid definía mi vida como la de un insecto que pasa el día volando entre flores y reposando en hojas. Aquí en Austria soy una auténtica bacteria. Me he pasado los dos últimos días jugando a la video consola con el guiri, zampando y descargando pelis, en el más auténtico encierro. Lo único que me extraña es que aquí no engordo y me vuelvo pelotita como cuando pasaba las horas en Dublin.

Una de las gratas sorpresas que me han acontecido en estos dos días es descubr...

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