El otro día rondaba por casa inquieta. Tenía ganas de salir, de hacer algo, aunque solo fuese tomar un café a la vuelta de la esquina. Como lo de sacarse mocos y redondearlos ya esta pasado de moda y el guiri no estaba dispuesto a complacerme, empecé a maquinar.

Mi mente cuando me aburro es un hervidero de ideas diabólicas. El guiri estaba tumbado en la cama, con los ojos cerrados y su frase preferida en los labios "quiero mi relax" y yo mordía mi uña mientras le miraba con ojos de gato...

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