Ayer salí de copas con el guiri y sus compañeros adolescentes de trabajo.

Sentarme en una barra de bar en cualquier sitio fuera de España me supone media hora de explicación al camarero de turno sobre lo que me apetece beber. 

En Madrid no me supondría ni medio segundo, un ron con cocacola, si, gracias, adiós. Aquí tienes que expecificar que quieres un ron marroncito y no la patraña de bacardi que beben ellos, luego tienes que suplicarle que le ponga mucho hielo (en muchas ocasiones "m...

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